• EL CEMENTERIO DE BAUSEN

    En el valle de Arán, a media altura sobre el río Garona y en la falda del pico Bacanera, se encuentra la aldea de Bausen, a la que me lleva Paco Boya, en nuestro periplo por las montañas del país, para descubrir un magnífico conjunto de arquitectura popular y conocer el cementerio de Teresita que solo tiene una tumba, la de la joven que le da nombre.

    No se trata de un enterramiento aislado, de una tumba en medio de ninguna parte, sino de un cementerio en toda regla. Aunque por su origen no estemos ante un campo santo propiamente dicho, sino más bien ante un “campo pagano”, ante una respuesta comunitaria, justa, cívica y humana de un pueblo a una grave afrenta de la Iglesia.

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    Los hechos se remontan a principios del siglo XX y tienen por protagonistas a Francisco y Teresa, dos jóvenes del pueblo que se enamoraron y decidieron casarse. Cuando fueron a hablar con el párroco para formalizar su relación, este les dijo que por su condición de primos su matrimonio no podía celebrarse salvo que mediara una dispensa eclesial que debería ser emitida desde Roma y que conllevaba un elevado coste económico. Como los jóvenes no tenían dinero para hacer frente a los gastos resolvieron, con la aprobación de sus familias y la aceptación de sus vecinos, hacer casa en común. Su vida trascurrió sin sobresaltos y fruto de su relación pronto vinieron dos hijos.

    Pero la felicidad duró poco tiempo y la desgracia se ciñó sobre la familia. Teresa enfermó gravemente y falleció. De nuevo Francisco se dirigió al cura para preparar el funeral y el entierro de su mujer. Y de nuevo se encontró con la cerrazón de la iglesia. La razón esgrimida en esta ocasión era que como la difunta convivía en unión pecaminosa no podía ser enterrada en el campo santo del pueblo.

    Ante la negativa del cura a enterrar a su vecina, el pueblo de Bausen, indignado, reaccionó colectivamente y en una noche, todos a una, levantaron un hermoso cementerio solo para Teresita. Lo construyeron en uno de los lugares más bellos de Arán, con vistas al macizo de la Maladeta y al valle, en medio de un claro del bosque. A los pies de una acacia se encuentra la tumba con la inscripción de su marido… “A mi amada Teresa, que falleció el 10 de mayo de 1916 a la edad de 33 años”.

    El cementerio de Teresita pasa por ser el más pequeño del mundo pero ciertamente bien pudiera ser también el más grande de la humanidad, el más romántico y el más universal por todo lo que su historia nos enseña.

    Jaime Izquierdo Vallina

     Publicado en el diario La Nueva España  el 31 de octubre de 2015

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