• Abierto en canal

    Inauguramos nuestro apartado de colaboraciones con este artículo de opinión escrito por Xabier Iraola y publicado en su blog KANPOLIBREAN. Esperamos que sea de vuestro agrado.

    “Todo el día matando tontos, y aún, no se acaban” es una de las lapidarias frases de mi amigo Mikel que me vino a la cabeza al ver las imágenes de unos 150 activistas animalistas asaltando una granja de vacuno lechero en Catalunya.

    Estos activistas, según he podido leer en la prensa, son una prole de adolescentes pertenecientes al movimiento Action For Liberation que acuden fielmente a la llamada de su joven líder y  con dicha acción pretendían denunciar las lamentables condiciones en las que se encontraban las vacas en dicha granja, ahora bien, no se crean que eligieron dicha granja para ponerla en la diana mediática por sus pésimas condiciones, vamos a decir, individuales sino lo que pretendían era hacer una denuncia del sector productor lácteo en su globalidad. Esta vez, tocaba actuar contra el sector lácteo, anteriormente fue el sector porcino y avícola, y la siguiente, vaya usted a saber quién es el elegido.

    Observo, con tristeza y asombro, las imágenes televisivas emitidas por la Sexta con un relato periodístico totalmente despojado de la neutralidad que se presume a cualquier informador y se opta por una narrativa, entre amarillista y paternalista, donde los buenos eran los activistas y los malos (aludiendo a insultos y gestos amenazadores) eran los ganaderos que se vieron asaltados por esta banda de animalistas.

    Más allá de la entrada ilegal en una propiedad privada, cuestión punible por la legalidad vigente y que debiera resolverse rápida y  automáticamente, alguien debiera tomar cartas en el asunto y adoptar todas aquellas medidas que considere oportunas para parar este tipo de acciones porque en caso contrario, vamos encaminados, sí o sí, hacia un choque de trenes donde alguna de las partes, lamentablemente, puede optar por tomarse la justicia por su mano sin esperar a que los responsables de parar dichas actitudes observen, desde la distancia y la comodidad del despacho,  este tipo de acciones como acciones aisladas de cuatro chalados. Chalados sí. Tontos también. Pero cuatro y aislados, nada de nada.

    El movimiento animalista es un movimiento, aún minoritario, pero que va creciendo, progresiva e imparablemente en una sociedad moderna, mayoritariamente urbana, alejada de la tierra y desconocedora de cualquier proceso natural, bien sea vegetal o animal, cuya única relación con el mundo animal es a través de las mascotas a las que, por cierto, trata en un plano de igualdad con las personas. Estoy persuadido que me estoy quedando fosilizado para lo que conocemos como la vida moderna pero, al menos en mi opinión, lamentablemente, lo ocurrido en dicha granja es el reflejo, extremo eso sí, de esa tendencia a considerar a los animales como humanos, dotarlos de todos y cada uno de los derechos hasta ahora solo reconocidos a la especie humana y su expresión más básica y cotidiana comienza con esas mascotas que pasean con gabardina por nuestras calles, que comen comida de marca mientras sus amos comen marca blanca, que disfrutan de sus propios regalos en Navidad mientras sus amos difícilmente llegan a fin de mes, que van a la peluquería mientras sus amos se arreglan el pelo en su propia casa y que tras morir, son llevados a tanatorios expresamente creados para mascotas. 

    Como decía, si vemos todas estas cosas con una naturalidad pasmosa, las asumimos como si fuese lo normal, no se extrañen luego que algunos de los vástagos más radicales opten por estos movimientos animalistas que denuncian como si fuesen maleantes a todos aquellos ganaderos que viven por y de su actividad ganadera, por cierto, como se ha hecho toda la vida.

    Ahora bien, dicho lo dicho, creo que el sector ganadero también debiera reaccionar y no estoy sugiriendo que se rearmen, se encastillen y se líen a porrazos con todos aquellos que se acerquen a sus casas. Más bien, creo que habría que optar por la vía contraria y , además de hacer respetar su casa y sus explotaciones, salir al encuentro de la sociedad, esa mayoría silenciosa, moderada, razonable y con sentido común a la que, abriendo las puertas de nuestras casas, hay que mostrarles la realidad de nuestra actividad agraria y demostrarles las condiciones de bienestar animal, sanidad, alimentación, … con las que trabajamos en tanto en cuanto debemos cumplir la estricta normativa de producción animal que emana de las diferentes instituciones y particularmente, de la normativa europea.

    No estoy proponiendo que nuestras casas acaben siendo un carrusel de visitantes permanente pero sí que bien individual bien colectivamente (asociaciones, cooperativas, etc.) asumamos que el mantener un canal de comunicación permanente con nuestros convecinos, a la vez que consumidores, será la mejor herramienta para que dichos consumidores conozcan y valoren nuestro trabajo, nuestros modos de producción, los intangibles que la actividad aporta al conjunto de la sociedad y de paso, ese mismo canal de intercomunicación, será una oportunidad impagable para ir conociendo de primera mano las inquietudes, los anhelos y las prioridades de dichos consumidores para, posteriormente, ir adaptando y ajustando nuestra producción y los modos de trabajo a la evolución de sus prioridades.

    Ser transparentes, sin caer en ser ingenuos, y estar permanentemente vinculados al consumidor será, así lo pienso al menos, nuestra mejor arma porque para combatir a esta sarta de tontos no hay mejor arma que abrirnos (con perdón de los animalistas) en canal. 

    Xabier Iraola Agirrezabala

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